Congreso LASA 2000.

 

 

Panel: Organizaciones de Inteligencia en la Post-Transición, ¿todavía actores  políticos?

 

 

 

Sistema Nacional de Inteligencia argentino,

 

Cambiar ya!

 

 

 

        Por José Manuel Ugarte[1].

 


 

I. Realidad actual y tendencias de la actividad de inteligencia en la Argentina.

 

1. Una actividad cuestionada, con serias deficiencias estructurales y de pobre imagen en la sociedad.

 

La actividad de inteligencia constituye la gran asignatura pendiente de la transición democrática argentina.

 

         Proviniendo de un pasado ciertamente dificil, las relaciones cívico-militares en la Argentina han experimentado muy significativos progresos en el marco de la transición democrática de ese país.

 

  Aunque la realidad dista aún de asemejarse a la vigente en países de sólida tradición democrática y relaciones cívico-militares sanas[2], lo cierto es que hoy en la Argentina existe un grado razonablemente aceptable, especialmente dentro de la región y en una perspectiva histórica, de control constitucional sobre las fuerzas armadas, de subordinación de éstas a las autoridades constitucionales, y de comunicación y reciproco entendimiento entre civiles y militares.

 

Así, puede advertirse que funciona un Ministerio de Defensa conducido por una autoridad civil que, aunque con medios personales y materiales excesivamente limitados, cumple las funciones que le asigna la Ley de Defensa Nacional (N° 23.554) vigente; existe un Congreso Nacional que, aunque también con medios muy limitados, ejerce su función de control; y todo parece indicar que, aunque lenta y trabajosamente, los avances hacia el fortalecimiento de la conducción constitucional y el mejoramiento de las relaciones cívico-militares y, muy especialmente, habrán de continuar.

 

Aunque con altibajos, puede advertirse un grado significativo de consenso entre las principales fuerzas políticas en materia de política de defensa y de política militar, y cierta capacidad de análisis sobre materias de defensa y militares. Estos aspectos son materia hoy de examen y de debate en Universidades y centros de estudio, con amplia participación civil. Pese a que la realidad tampoco es perfecta en este aspecto, puede afirmarse hoy que la época en que la defensa nacional era un coto reservado exclusivamente a militares y a civiles cercanos a los militares, ha concluido definitivamente.

 

También en el ámbito de la seguridad pública se han producido avances muy significativos. A la sanción de la Ley N° 24.059 de Seguridad Interior, que materializó la distinción establecida en el artículo 4° de la Ley N° 23.554 de defensa nacional entre los ámbitos de ésta y de la seguridad interior, estableció bajo la autoridad política del Ministro del Interior la coordinación del accionar de las instituciones policiales y fuerzas de seguridad del Estado Nacional y de las provinciales en los aspectos interjurisdiccionales y estableció bases doctrinarias fundamentales para el accionar en materia de seguridad pública, siguió en los últimos años un progresivo involucramiento de civiles en cuestiones de seguridad pública, el surgimiento de cursos y ciclos de estudio de la materia Universidades e institutos de diverso tipo, y la progresiva asunción de responsabilidades en este aspecto por parte de las autoridades políticas. 

 

  Sorprendentemente, el área de inteligencia, en cambio, parecía  haberse visto librada hasta hace muy poco tiempo, de estas tendencias de afirmación del control constitucional y de la legitimidad en las actividades de defensa y seguridad.

 

  Esta circunstancia no obedecía, ciertamente, a una adecuada situación en la materia.

 

   Habré de remitirme en esta materia a lo sostenido recientemente en un editorial, por un órgano periodístico de Buenos Aires caracterizado por su moderación y su visión tradicionalista, que ha desarrollado cierto prestigio en el análisis de la temática de defensa y seguridad. Afirmó “La Nación” lo siguiente:[3]

 

                 “...Los millones que la SIDE gasta sin rendir cuentas   podrían tener mejor destino si se reformulase el  organismo y se determinase, mediante estudios técnicos

adecuados, qué estructura de inteligencia necesita el   Estado argentino y cómo se puede llegar a crearla en  los próximos años.

 

   Desde hace ya muchas décadas se ha ido instalando en la   opinión pública la certeza de que la SIDE, en su  estructura y en su composición actual, está lejos de                                 llenar con eficiencia el rol que la sociedad le ha  encomendado.

 

               Por de pronto, su capacidad para desarrollar funciones  de inteligencia estratégica es, en líneas generales,  escasa. Lo demuestran algunos ejemplos recientes. Por  caso, la falta de toda tarea o trabajo de prevención en relación con los atentados terroristas que destruyeron  la embajada de Israel y la sede de la AMIA. Y la  casi                                 nula colaboración que el organismo prestó a la   investigación y al esclarecimiento de esos crímenes  atroces.

 

La principal limitación con que tropieza la SIDE tiene que ver con la deficiente  capacitación profesional de su personal estable. Los agentes del organismo -con

 excepciones honrosas, que sería injusto desconocer-  carecen de una formación técnica adecuada a la  naturaleza de los trabajos de inteligencia que requiere                                un Estado moderno.

 

                La función de la SIDE se ha visto desnaturalizada, en   gran medida, por un criterio de reclutamiento de  personal que ha sido complaciente con el "amiguismo" y                                 ha descuidado el requisito de la idoneidad profesional  al elegir a los miembros de su staff. Esto ha dado  lugar a distorsiones de distinto tipo. Entre otras  la creación de lo que en la jerga interna de algunos  sectores de la administración se suele denominar la                                 "cadena de la felicidad", una red humana a la que han   pertenecido, en diferentes épocas, cientos de  periodistas, comunicadores, políticos o parientes de los gobernantes de turno, todos ellos remunerados por   trabajos que, en rigor, poco tienen que ver con la                                 inteligencia profesional y que a veces ni siquiera se realizan. Esa "cadena de la felicidad" insume gastos millonarios, por los cuales no se rinde cuenta.

 

                 Recientemente, el titular de la SIDE prorrogó un  importantísimo número de contratos temporarios que estaban a punto de vencer, dejándole a su eventual                                 sucesor una gravosa carga.

 

                  La estructura que la SIDE tiene montada en el exterior,  salvadas también algunas excepciones, no resiste un   análisis mínimamente severo. Los agentes que tiene                                 destacados en importantes capitales del mundo suelen  enviar informes que, en el mejor de los casos, podrían   haber sido redactados desde el propio país con un                                 mínimo de información y sentido común.

 

                    Hoy, cuando el futuro en la relación con los polos de                               poder mundial resulta cada vez más incierto y las   amenazas se vuelven más difusas, contar con un eficaz  instrumento de inteligencia es de suma importancia para  cualquier gobierno, a condición -naturalmente- de que su estructura profesional sea adecuada.

 

                    Es de esperar que cuando se designe al titular   definitivo de la SIDE se tenga en cuenta, fundamentalmente, el requisito de la idoneidad  profesional.

 

                    No hay actualmente una ley que regule las actividades de inteligencia, aun cuando existen dos proyectos   presentados en Diputados que en algún momento deberán                            ser debatidos. Debe recordarse que la actuación de las  Fuerzas Armadas en temas de inteligencia interna o  doméstica está expresamente prohibida por la ley de                               defensa nacional.

 

                      Además de definir adecuadamente los objetivos profesionales de la SIDE, la ley que dicte el Congreso debería establecer un régimen de rendición de cuentas                                de los fondos que se le destinan. La existencia de fondos reservados genera, inevitablemente, tensiones y  sospechas que minan, tarde o temprano, el prestigio del

Organismo. Acaso debería adoptarse el sistema, común en otros países, que impone la obligación de rendir cuentas de los gastos al término de un determinado                                 número de años...”

 

              Me he permitido esta extensa transcripción para dar cuenta de un verdadero estado de conciencia existente en la sociedad argentina: las serias deficiencias imperantes en materia de inteligencia y la necesidad de un cambio.

 

                    Habremos a continuación de comparar lo aquí expuesto, con lo señalado nueve años antes, por un grupo de diputados nacionales del entonces partido de oposición Unión Cívica Radical, encabezados por Victorio Osvaldo Bisciotti, al presentar el Proyecto de Régimen Orgánico de Información e Inteligencia del Estado Nacional, primer proyecto legislativo de reformulación del Sistema de Inteligencia que se presentó en el Congreso Argentino y que constituyó la base de los que subsiguientemente se presentaron, y en cuya redacción hubimos de intervenir:

 

Sostuvieron los legisladores que en la Argentina, existía “...un sistema de información e inteligencia de gran complejidad, caracterizado fundamentalmente por:

 

a) Dedicación de la gran mayoría de sus elementos a la seguridad interior, e incluso a la política interna del país,  desde un punto de vista prioritariamente ideológico;

 

     b) Multiplicidad de organismos dotados de medios propios de obtención de información, generándose superposiciones, fricciones, y, en definitiva, derroche de medios humanos y materiales;

 

     c) Total falta de control político, parlamentario o judicial de las actividades de los organismos en cuestión, lo que como es lógico se traduce en desviaciones de diversa índole que no contribuyen, ciertamente, al prestigio de las actividades de que se trata ante la opinión pública;

 

     d) Escasa o muy limitada eficacia del sistema para servir a las necesidades de la defensa nacional.

 

       “...los organismos de inteligencia militares de nuestro país ‑cada uno de los cuales cuenta con medios propios de obtención y reunión de información‑ incursionan asimismo en la seguridad interior, al incluirse  dentro de su misión la contrainteligencia, y dentro de ella, la contrasubversión, circunstancia que brinda un amplio margen para su actuación en materia de lucha contra el terrorismo y el extremismo de izquierda. La aludida lucha es entendida por ellos, en general, como una lucha de características ideológicas, entendiéndose necesaria  para su desarrollo la existencia de una red de inteligencia desplegada en todos los campos de la actividad humana, posibilitándose así la detección temprana del accionar subversivo.

 

     Fácil resulta deducir que el ejercicio de tales actividades se ha traducido en una hipertrofia de los organismos de inteligencia militares, y en la dedicación de los mismos a  la seguridad interior, circunstancias que son advertibles fundamentalmente en el Sistema de Inteligencia de la Fuerza Ejército. ..”

 

    Por otra parte, de las recomendaciones producidas en Febrero de 1997[4] por la Comisión Bicameral de Fiscalización de los Örganos y Actividades de Seguridad Interior e Inteligencia del Congreso de la Nación, surge asimismo la existencia de evidente superposición de funciones en el sistema de inteligencia, con el resultado de una cuantiosa producción de material informativo de muy relativa utilidad. También fue señalada la existencia de dispersión de esfuerzos en materia de inteligencia. Cabe señalar que dicha Comisión estaba controlada por el Partido Justicialista entonces en el gobierno, dada la cómoda superioridad que ostentaba sobre la oposición, en cuanto a representación en la Comisión.

 

   Habremos de recurrir a continuación al documento denominado “Propuesta de Actividad de Control a Organismos de Inteligencia”, elaborado por el “Gabinete de la Oposición”, órgano de asesoramiento al Comité Nacional de la Unión Cívica Radical, organizado durante el ejercicio de la presidencia de ese organismo por el doctor Rodolfo Terragno. Expresó el mencionado órgano, sobre la temática que nos ocupa, lo siguiente:

 

          “...los gastos reservados. Estos gastos han tenido un aumento espectacular desde el advenimiento del actual gobierno, tanto en los que están en cabeza del Presidente, como de la SIDE, y de los Ministerios de Interior, Relaciones Exteriores y Defensa. A este aumento exponencial de las partidas se suma la irregularidad de que desde 1990 cada año los créditos originales autorizados por la ley de presupuesto para la SIDE fueron significativamente incrementados posteriormente por el Poder Ejecutivo con una diferencia porcentual entre lo presupuestado y  ejecutado que supera habitualmente el 35% y llegó en 1992 al 79%.

 

          El objeto de la actividad que se efectúe en la Comisión Parlamentaria (de Fiscalización de los Órganos y Actividades de Seguridad Interior e Inteligencia) debe estar en concordancia con la denuncia ante la opinión pública del aumento desmedido de este tipo de gastos que superan por su monto los requeridos por cualquier actividad legítima de seguridad interior o exterior en un Estado democrático de las características del nuestro. Debe destacarse que el fin de estos gastos es el de realizar actividades políticas pro gubernamentales prohibidas, generalmente en desmedro de la oposición política o de sectores sociales que ataquen las políticas oficiales. Estos fondos son asimismo la principal fuente de actividades encubiertas contra la oposición, entre ellas campañas de prensa y actividades contra determinados dirigentes o grupos...”

 

    Otra oportunidad en que la entonces oposición política tuvo oportunidad de expresarse, con relación al funcionamiento del Sistema de Inteligencia, fue en el marco de la Comisión Bicameral Especial de Seguimiento de la Investigación de los Atentados a la Embajada de Israel y al edificio de la AMIA.[5]

 

    En dicha oportunidad, las Consideraciones Finales y Conclusiones de los Legisladores de la Oposición (Unión Cívica Radical y Frepaso, hoy en el gobierno)[6] incluyeron consideraciones como las siguientes:

 

    “Considerando que el sistema nacional de seguridad interior e inteligencia se mostró absolutamente incapaz, sea por omisión, negligencia, incompetencia y/o complicidad, de dar cuenta de la estructura orgánica y del funcionamiento de tales organizaciones terroristas (las que cometieron los atentados aludidos);

 

    “Que la consumación del segundo atentado (cometido contra la sede de la AMIA) confirmó la incapacidad del sistema nacional de seguridad interior e inteligencia para prevenir y/o conjurar este tipo de hechos, y para seguir, investigar y conocer el accionar del o de los grupos mafiosos y terroristas capacitados para llevarlos a cabo”;

 

    “Que la manifiesta falta de colaboración por parte de los distintos organismos de seguridad e inteligencia federales y provinciales que debieron coadyuvar al desarrollo de la investigación judicial, debe ser entendida desde una doble perspectiva que comprenda, tanto las falencias estructurales de los mismos, como la evidente decisión de obstruir el esclarecimiento de los hechos o de encubrir a determinadas personas y/o grupos sospechosos de haber participado de alguna manera en el atentado y que están vinculados al Estado”;

 

    “Observando que el sistema nacional de seguridad e inteligencia interior se mostró absolutamente incompetente para detectar, seguir y conjurar el accionar de lo grupos delictivos y/o organizaciones terroristas que planificaron, prepararon y llevaron a cabo los mencionados atentados”;

 

  Una evaluación adecuada de la situación actual del Sistema de Inteligencia argentino no puede prescindir de la realidad representada por el desprestigio motivado por las constantes denuncias por irregularidades de la más diversa índole, que incluyen invasiones no autorizadas a la privacidad de los ciudadanos, intentos de influir en la política interna del país realizando operaciones encubiertas de diversa índole dentro de él, reclutamiento de periodistas, intervención en procesos criminales para procurar objetivos gubernamentales, realización de campañas políticas, suministro de dinero a jueces, funcionarios públicos o figuras políticas, etc.

 

  Esta afirmación no se basa en meras apreciaciones personales. La prensa argentina ha reflejado persistentemente esta situación[7].

 

    2. Un poco de esperanza: la asunción de nuevas autoridades en la Argentina.

 

  La reciente asunción de nuevas autoridades en la Argentina permite abrigar esperanzas de cambio.

 

  En tal sentido, las decisiones recientemente adoptadas por el nuevo Secretario de Inteligencia de Estado, el empresario Fernando de Santibáñes, el día 7 de febrero de 1999, en cuanto a cesantear a un número aproximado de 1000 agentes, equivalente a aproximadamente un tercio del personal de la Secretaría, el principal organismo de inteligencia argentino[8]

 

  Esta medida, que sigue a la inicialmente adoptada por el mismo funcionario en cuanto a dejar cesantes a agentes del organismo que fueron objeto de fundados cuestionamientos por violaciones a los derechos humanos, tiene, según ha sido afirmado, una fundamentación presupuestaria y de reestructuración.

 

  Con relación a la primera, merece señalarse que frente al presupuesto ejecutado en 1999 del organismo, de  aproximadamente $ 310.000.000 (equivalentes a trescientos millones de dólares), el Congreso ha votado para el año 2000 sólo $ 138.315.960. Tamaña reducción, ciertamente, no puede sino influir en la dotación de personal, aunque merece señalarse que según los indicios que se poseen, el personal que revistaba efectivamente el organismo (personal orgánico) no constituía, con mucho, la razón fundamental de tales erogaciones.

 

  Por otra parte, las declaraciones formuladas por Santibáñez ponen de manifiesto el propósito de incrementar significativamente las capacidades tecnológicas del organismo, evidentemente descuidadas en los últimos años, pese a incrementos presupuestarios que sólo pueden ser calificados como extraordinarios.[9]

 

  Un comentario periodístico de la medida[10] recuerda las declaraciones formuladas por el vicepresidente de la Nación, licenciado Carlos Álvarez, ante el reconocimiento por parte de la SIDE de la imposibilidad en que se encontraba de determinar el paradero del militar retirado paraguayo Lino César Oviedo, que incumpliendo las condiciones de su asilo político en la Argentina había desaparecido, efectuando declaraciones políticas destinadas a su país desde lugares no precisados, presuntamente en el territorio argentino:

 

  La capacidad técnica de la SIDE es muy pobre"...La SIDE se usó para espionaje doméstico, para operaciones políticas y  periodísticas, para descalificar a sectores internos del partido oficial o sectores de la oposición y  evidentemente nunca se pensó qué significaba hacer  inteligencia estratégica".

 

  Por nuestra parte, suscribiríamos plenamente esta opinión, como lo haría –al menos, intelectualmente- la inmensa mayoría de las personas dedicadas en la Argentina al análisis de la problemática de seguridad y defensa.

 

  Pero también es cierto que existen entre el personal de la SIDE personas competentes, preocupadas por capacitarse constantemente y servir con lealtad a su país, y que indudablemente desean y esperan poder cumplir acabadamente su labor en el marco representado por un Sistema de Inteligencia moderno y eficiente.

 

  Respecto de la aspiración enunciada por Santibáñez de utilizar los ahorros presupuestarios derivados de las cesantías para incrementar las capacidades tecnológicas del organismo, existen datos de los presupuestos de los últimos años que parecerían justificarla.

 

  En efecto; durante los últimos años, no se presupuestó suma alguna para equipamiento, limitándose los sucesivos presupuestos a efectuar reducidas previsiones para servicios no personales –gastos de mantenimiento, fundamentalmente-.

 

  Así, cabe señalar que en 1991, de $ 70.232.400 correspondieron $ 67.042.500 a personal, $ 17.996.000 a servicios no personales, y $ 31.899.000 a erogaciones de capital (equipamiento). Para 1992, de $ 115.726.000, correspondieron $ 110.000.000 a gastos en personal, $ 4.506.000 a servicios no personales, y $ 1.220.000 a bienes de capital. En 1993, tal relación fue, sobre $ 159.922.000, de $ 154.290.000 en gastos en personal, $ 4.506.000 en servicios no personales, y $ 1.126.000 en bienes de uso (equipamiento, conforme a las nuevas denominaciones de los rubros presupuestarios, impuestas en el marco de  la reforma en materia de administración financiera establecida por la Ley N° 24.156). En el presupuesto para 1994 desapareció el equipamiento; de los $ 191.800.000 correspondientes a gastos reservados (que incluye la casi totalidad del presupuesto del organismo), $ 186.732.788 corresponde a gastos de personal, y $ 5.067.212 a “servicios no personales”. En 1996, $ 188.746.005 correspondió a gastos de personal y $ 2.245.794 a “servicios no personales”. El presupuesto para 1997 no incluyó esta discriminación, permitiéndonos conocer exclusivamente que nos encontramos en presencia de $ 175.000.000 en concepto de “erogaciones corrientes”, es decir, sin ninguna erogación de capital. En 1998, se presupuestaron $ 188.021.000 en concepto de personal permanente, denominación por cierto inexacta, dado que esa suma supera holgadamente lo percibido por el personal del organismo, y $ 2.400.000 para servicios no personales. Para 1999, se presupuestaron $ 188.200.000 para personal permanente, y $ 2.112.000 para servicios no personales. Para el año 2000, se han presupuestado $ 133.250.000 para personal permanente, y $ 5.055.960 para servicios no personales. [11]

 

  No obstante, no resulta ser éste el concepto predominante entre personal de inteligencia y otras personas vinculadas con las cuestiones relativas a la defensa en la Argentina, para quienes el organismo no carece de equipamiento ni de capacidades técnicas, aunque la formación de buena parte de su personal parece bastante limitada.[12]

 

  Tampoco es nuestra opinión, cabiendo destacar que excepción hecha de la cifra total de gastos, las discriminaciones presupuestarias resultan de valor relativo, teniendo en cuenta la discrecionalidad y carencia de controles efectivos que han caracterizado hasta el momento el gasto en inteligencia en la Argentina.

 

  En cualquier caso, las medidas y orientaciones expuestas resultan en general auspiciosas.

 

  Cabe advertir así el hecho, que me atrevo a calificar de sorprendente en la Argentina, que han transcurrido dos meses de desempeño del nuevo gobierno sin que se conozcan denuncias por escuchas telefónicas ilegales, antiguo vicio existente en la Argentina, ni por otros abusos o actividades ilegales correspondientes al área de inteligencia.

 

  Ello no hace sino ratificar la presunción que siempre existió respecto de la estrecha vinculación entre las actividades ilegales de inteligencia y la voluntad política imperante en el país y en el área.

 

  Las reiteradas declaraciones de Santibáñes en el sentido que el organismo a su cargo se limita a realizar escuchas telefónicas por orden judicial[13], que se encuentra realizando una auditoría para terminar con los agentes inorgánicos[14] y que habrá de fiscalizar el gasto del organismo, que ha concluido la cadena de la felicidad  y que habrá de realizar reformas tendientes a asemejar en algunos aspectos a la SIDE a organismos de inteligencia de los países occidentales, resultan auspiciosas; como lo es, en mayor grado, la carencia de denuncias a que hemos hecho mención.

 

   Podría señalarse, no obstante, la propensión materializada por el funcionario aludido a proponer como actividad fundamental de la SIDE a la lucha contra delitos fiscales, como el contrabando y la evasión fiscal[15].

 

   Parece advertirse cierta confusión, no exenta de riesgos, entre un organismo de inteligencia y un organismo de investigación fundamentalmente policial, como es el caso de la Oficina Federal de Investigación (F.B.I.) estadounidense.

 

    Los organismos de inteligencia se caracterizan por el secreto que rodea identidades, fuentes y métodos. Dicho secreto y la imposibilidad de control por parte del imputado de las pruebas conseguidas a través de tales organismos –amén de la carencia de conocimientos y formación legal y de hábito de colaboración con la Justicia, que caracteriza al personal de inteligencia, no formado para tareas policiales- a lo que se suman las dificultades derivadas de la posible citación por parte del Tribunal como testigos o peritos del personal de inteligencia eventualmente interviniente en investigaciones policiales,  determina que tales organismos no sean idóneos para tareas de investigación policial y judicial, ni deban efectuar tales tareas. Ello, por lo demás, está expresamente establecido en la Ley Orgánica de la Secretaría de Inteligencia de Estado.

 

    En realidad, pareciera no advertirse en este aspecto la imposibilidad de realizar una analogía entre la Oficina Federal de Investigación de los Estados Unidos de América, que sí tiene carácter de organismo de investigación policial –cabe señalar que los Estados Unidos no tienen un organismo de inteligencia interior y contrainteligencia al estilo europeo- y la SIDE, que constituye un organismo de inteligencia en sentido estricto y que por esa razón, no puede realziar tareas policiales.

 

Otro aspecto de sumo interés del panorama actual está constituido por la significativa reducción dispuesta en el personal civil de inteligencia perteneciente al Ejército Argentino, por el Ministro de Defensa, Ricardo López Murphy, y por el Jefe del Estado Mayor General de dicha Fuerza, teniente general Ricardo Brinzoni.

 

  En efecto; según la detallada información brindada por diversos medios de difusión masiva [16] se dispuso la cesantía de 500 agentes civiles de inteligencia, anunciándose inclusive que se procedería a la venta del mítico edificio situado en Callao y Viamonte, otrora sede del Ministerio de Guerra, y que albergara al “Batallón 601 de Inteligencia”, elemento fundamental de reunión de información y realización de operaciones de inteligencia del Servicio de Inteligencia del Ejército, y donde se adoptaran decisiones fundamentales de la política argentina por muchos años. En dicho edificio funcionaba actualmente el Centro de Reunión de Inteligencia Militar, que operaba como órgano centralizador de la obtención de información del antedicho servicio de inteligencia.

 

   Como aspectos complementarios no carentes de interés, cabe señalar la adopción de decisiones por parte del teniente general Brinzoni en el sentido de concluir con la realización de todo tipo de tareas de inteligencia interior –que en la práctica, continuaba realizando el organismo de inteligencia del Ejército, pese a la prohibición derivada del artículo 15 de la Ley N° 23.554 de Defensa Nacional y de los artículos 10, 27 y 32 de la Ley N° 24.059 de Seguridad Interior-.

 

   Pese a las negativas oficiales, existía consenso en los analistas del tema respecto de la realización de tales tareas, que fueron objeto de denuncias periodísticas[17], y que fueron ahora explicitadas públicamente.

 

    Refiere al respecto el columnista especializado Daniel Santoro:

 

  “...El despido de 500 espías civiles llamados personal civil de inteligencia (PCI) en la jerga militar es la purga más grande del servicio de inteligencia del Ejército desde la restauración de la democracia, en 1983.

 

    Algunos de estos agentes de inteligencia civiles –aunque no se reconozca oficialmente- trabajarían en reparticiones públicas, sindicatos, partidos, universidades  y medios de comunicación y además cobran un sueldo en la fuerza bajo un código secreto a cambio de información. Se trata del 48 por ciento del personal del total de inteligencia del Ejército, que es una de las armas en que está dividida la fuerza...”[18]

 

  Entre otros aspectos postivos de los anuncios extraoficiales, a través del periodismo, de la medida antedicha, debemos contar la existencia de un plan de Brinzoni que supone desprenderse del personal civil de inteligencia (PCI) de que dispone la Fuerza y que está hoy afectado a funciones no específicamente militares, excepción hecha de un reducido número que permanecerá dedicado a tareas de custodia o a funciones exclusivamente administrativas.

 

  Se debe señalar que ya con anterioridad las penurias presupuestarias habían impuesto serias limitaciones a la existente actividad de inteligencia interna, al punto de imponer la afectación de personal civil de inteligencia de baja graduación a tareas de ascensoristas u otras funciones administrativas similares.

 

   El aludido plan de Brinzoni, a ser ejecutado a través del actual Jefe II (Inteligencia)del Ejército Argentino, general Mario Castagneto, supone que una vez realizado, el Ejército se dedicará en exclusividad a la inteligencia táctica o de combate, estableciéndose como elemento central del nuevo sistema una central a instalarse en Campo de Mayo, comprendiendo también la reestructuración los elementos situados en el interior del país, algunos de los cuales serán eliminados o fusionados con otros.

 

  A la nueva central de inteligencia táctica se sumarán los aviones de reconocimiento táctico y exploración Grumman OV-1D Mohawk donados por el gobierno de los Estados Unidos durante la administración Menem, algunos de los cuales cuentan con radares, sensores y cámaras de alta definición.

 

  A este panorama se añade la perspectiva que la inteligencia estratégica militar quede asignada a un organismo de inteligencia militar conjunto, el que dependería del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas.

 

  Cabe mencionar que la Ley N° 23.554 de Defensa Nacional, que prevé en su artículo 15 la constitución de tal organismo –hasta el momento no materializada- prevé, no obstante, el establecimiento de su dependencia directa e inmediata respecto del Ministro de Defensa; solución ésta que considero conceptual y prácticamente preferible, además de ser la establecida por la ley.[19] Se propone, asimismo establecer la autoridad del Estado Mayor Conjunto respecto de los organismos de inteligencia de las fuerzas, solución que por mi parte conceptúo  opinable.

 

  El propósito de volcar el esfuerzo de inteligencia del Ejército a la inteligencia táctica o de combate y de asignar la inteligencia estratégica militar a un organismo de inteligencia conjunto aparece como excelente, más allá de los matices señalados.

 

  No obstante cabe citar en contrario informaciones brindadas por el matutino “Página 12” citando informes brindados por el Ministerio de Defensa, donde dan cuenta de la fusión de las escuelas de inteligencia del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea que funcionarían bajo su supervisión; anunciándose que tal medida constituirá el primer paso para la integración de todas las áreas de inteligencia militar, con miras a constituir un único organismo.[20]

 

  La unificación de las escuelas de inteligencia de las Fuerzas Armadas constituye a nuestro juicio una medida intrínsecamente excelente, que hemos largamente propugnado por el suscripto a través de la redacción de sucesivos proyectos de Ley de Inteligencia.

 

  Se señaló en dicha oportunidad el propósito de poner en marcha el plan a partir de marzo, coincidiendo con el comienzo del ciclo lectivo en la mayoría de los institutos militares de formación y perfeccionamiento.

 

  Sorprendentemente se señala, citando fuentes del Ministerio, que las tareas de los organismos de inteligencia militares estarían limitadas a la inteligencia estratégica y exterior, vinculadas principalmente con la prevención de los delitos de terrorismo, contrabando y narcotráfico.

 

   Estas manifestaciones contrastan vivamente con las precedentemente aludidas manifestaciones de Brinzoni, que correctamente vinculaban la función de los organismos de inteligencia militares a las funciones específicamente militares, que, en definitiva, no son otras, en materia de inteligencia estratégica militar, que la producción de inteligencia relativa a las capacidades, vulnerabilidades y probables cursos de acción en materia militar, de los países extranjeros de interés para la defensa, y en el nivel táctio indicado por Brinzoni, a la obtención de información y elaboración de inteligencia correspondiente al campo de batalla.

 

  Las funciones que presuntamente serían atribuidas a la inteligencia militar tornarían inútil y contraproducente la racionalización del personal civil de inteligencia que correctamente planearía el referido jefe militar.

 

  La única explicación verosímil y a la vez adecuada sería que las Fuerzas Armadas apoyarían las operaciones de seguridad interior –incluyendo la lucha contra el contrabando, narcotráfico y terrorismo- con el empleo de sus elementos de reconocimiento y detección aéreos, navales y terrestres, en este último caso radares, sensores electrónicos, receptores de radio de gran potencia, etc.. Ello sería a la vez inobjetable y positivo.

 

   Aunque cabe aguardar mayores precisiones en todos los rubros, cabe concluir que el balance de estos dos meses, pródigos en decisiones y declaraciones sobre el tema, es positivo. Cabrá aguardar, pues, que sean rectificados sobre la marcha los errores que pudieran irse produciendo.

 

  II. La historia.

 

1.      Nacimiento, evolución normativa y estructura del Sistema de Inteligencia argentino.

 

Resulta de sumo interés a nuestro juicio realizar aquí una breve historia, fundamentalmente legislativa, de la inteligencia argentina, para comprender las raíces de algunas de las dificultades que se vienen experimentando.

 

El primer antecedente argentino en materia de inteligencia civil fue la creación de la  Coordinación de Informaciones de la Presidencia de la Nación, por Decreto 337/1946 [21] por el Presidente Juan Domingo Perón.

 

Anteriormente existían los organismos de informaciones de cada una de las Fuerzas Armadas, dedicados fundamentalmente a la inteligencia militar específica en el nivel estratégico militar y también con inteligencia política externa e interna.

 

La novedad que introdujo este decreto fue la coordinación en el ámbito de la Presidencia de la Nación de la actividad de inteligencia, en el mentado organismo.

 

Con posterioridad, el decreto N° 337 del 13 de junio de 1948 se refirió también a la “Coordinación de Informaciones de la Presidencia de la Nación”, con fundamento en “...la importancia que reviste la función informativa en la conducción de los asuntos del Estado...” y “...que esa función debe realizarse sobre la base de un conocimiento integral y preciso de las actividades que desarrollan los diversos organismos que componen el Estado...”

 

Se destacó también en la motivación del decreto en cuestión, que “...para aprovechar racionalmente todo el material informativo, es menester proceder con criterio uniforme a centralizarlo y coordinarlo, previamente...”; como también, la inexistencia de “...ningún organismo estatal con la misión de realizar esa tarea...”

 

El decreto 11.183 del 5 de julio de 1954 menciona entre los organismos que asisten directamente al Presidente de la Nación y que dependen de él, a la “...Coordinación de Informaciones de Estado...” (artículo 1°).

 

La misión de dicho organismo era a la sazón la de “...Suministrar al Poder ejecutivo nacional y demás organismos del Estado las informaciones que se consideren útiles o les sean requeridas, centralizando y coordinando las que se originen en los servicios especializados y en los organismos gubernamentales...”

 

La base legal estaba constituida por la Ley N° 13.324 de Organización de la Nación para Tiempo de Guerra.

 

Las concepciones doctrinarias entonces vigentes, consideraban como ramas de la información política (interna y externa), información económica, información social, información científica, información militar, información biográfica e información topográfica.

 

En materia de información política interna, se preveía que comprendía el gobierno nacional y todas sus dependencias, los gobiernos locales y sus relaciones, los derechos políticos y civiles y su ejercicio, los órganos de seguridad interior, los partidos políticos, las asociaciones o agrupaciones ideológicas, la opinión pública, el sistema electoral, y los movimientos subversivos, sus causas y aspiraciones.

 

En lo relativo a la información militar, se expresaba que se ocupaba de las fuerzas armadas de otros países. La misión de los organismos de inteligencia de las Fuerzas Armadas estaba circunscripta hacia aspectos estratégico-militares de países extranjeros y hacia la organización y actividades de sus fuerzas armadas, así como a los aspectos fundamentales del potencial militar de los probables adversarios.

 

En cuanto a la seguridad interior, se asignaba competencia en la materia a los órganos específicos del área, es decir, a las instituciones policiales y fuerzas de seguridad nucleadas a la época en el Consejo Federal de Seguridad, afirmándose a ese respecto que la seguridad interna se encontraba a cargo del Ministerio del Interior y del aludido Consejo, y que las instituciones policiales coordinadas por dicho Consejo eran los órganos exclusivos de prevención y represión de los delitos. No se incluía dentro de la competencia de las Fuerzas Armadas a actividades internas que no las afectaran “prima facie” tales como movimientos clandestinos ideológicos, contrabando, etc.

 

No obstante, cabe señalar que no distinguía en materia de operaciones de inteligencia –acción psicológica, propaganda y contrapropaganda, etc. entre los ámbitos externo e interno. Toda la información de todo origen confluía a la “Coordinación de Informaciones de Estado” (CIDE) quien contaba, como fuentes de información, tanto a los Ministerios y órganos estatales en general, como a los restantes organismos de inteligencia, cuya acción coordinaba.

 

  Esta digresión permite analizar las características generales de la información e inteligencia a dicha época: amplia competencia interna, virtualmente ilimitada, y plenas posibilidades de actuación en materia de inteligencia no sólo fuera, sino dentro del país. No obstante, existía una clara distinción entre defensa nacional y seguridad interior, aunque ello no se tradujera en limitaciones efectivas en este último ámbito. Las fuerzas armadas en materia de inteligencia se encontraban claramente circunscriptas a sus funciones específicas; no así, ciertamente, los organismos de inteligencia civiles.

 

Reviste interés ciertamente a los efectos de nuestro análisis lo dispuesto por el Decreto N° 776 del 20 de enero de 1956, dictado a pocos meses de producida la  denominada “Revolución Libertadora”, que derrocó al gobierno civil encabezado por Juan Domingo Perón.

 

  De sumo interés es también la motivación de este decreto.

 

Se expresa en el mismo que “...la conducción gubernamental exige un servicio de informaciones de Estado orientado dentro de los...principios democráticos...”; que “...la experiencia propia y la de aquellos países bien organizados [22]evidencian sin lugar a duda la necesidad de coordinar y explotar las diversas informaciones de Estado, en su expresión superior y amplia...”; que “...para centralizar y valorar tales informaciones en la mejor forma y al servicio del Estado, es conveniente contar con un único organismo técnico responsable...”; que “...actualmente existen numerosos organismos de informaciones en la Administración Nacional que desvirtúan el principio enunciado anteriormente...”; que “...las Fuerzas Armadas, para el cumplimiento de su misión específica necesitan contar con sus propios órganos de informaciones...”

 

            Probablemente el aspecto central de lo expresado, es la existencia previa de “numerosos organismos de informaciones en la Administración Nacional”, y que la actividad de estos organismos, además, no estaría, “a contrario”, orientada dentro de los “principios democráticos”.

 

En un sentido similar, el artículo 5° del decreto dispuso que “Cesan en sus funciones todos aquellos organismos secretos de informaciones políticas y/o personales que desarrollaban sus actividades en las reparticiones del Estado.”[23]

 

            Por otra parte, el artículo 1° del decreto en cuestión estableció que “La Secretaría de Informaciones de Estado tendrá como misión proporcionar al Gobierno nacional las informaciones necesarias para la mejor conducción de los asuntos del Estado.”

 

“Para el cumplimiento de su misión la Secretaría de Informaciones del Estado orientará, centralizará y coordinará la actividad informativa integral, procediendo a recibir, clasificar, seleccionar, analizar y distribuir entre los organismos competentes todas aquellas informaciones que produzcan los diversos Servicios de Informaciones de las Fuerzas Armadas, los ministerios civiles, las gobernaciones de Provincia y aquellas que obtenga por medios propios”.

 

“Las necesidades de informaciones del Excmo. señor Presidente, Vicepresidente y Ministros del Poder Ejecutivo Nacional, con excepción de los de las Fuerzas Armadas, que impliquen el empleo de medios secretos para su obtención, serán satisfechas directa y exclusivamente por la Secretaría de Informaciones del Estado...”

 

            En el mismo sentido, el artículo 3° dispuso que “la Secretaría de Informaciones de Estado tendrá dependencia directa del Excmo. señor Presidente de la Nación. El Secretario de Informaciones de Estado realizará la coordinación técnica de los Servicios de Informaciones, sin que ello importe modificar la dependencia y estructura de los mismos...”

 

También el artículo 4° facultó a la Secretaría a “...solicitar de los organismos nacionales, provinciales y municipales, aquellas informaciones necesarias para el cumplimiento de su misión...”